jueves, 15 de enero de 2015

UN PAÍS LLAMADO CIELO




Autor: José Juan Requena

Había una vez. Todos los cuentos de niños empiezan así, y no sé la razón; pero yo empezaré, en una forma menos convencional.

Este príncipe, del que trata mi historia; tenía los ojos azules, reinaba en un país inmenso e infinito, llamado Cielo. Rodeado por astros, y estrellas, blancas, con nubes rosadas y azules por todas partes. Sus súbditos eran millones de almas de niñas y de niños felices, que tenían todo lo que una niña y un niño deberían tener en nuestra Venezuela; en nuestro planeta Tierra; cariño, amor, madre, padre, juguetes, libros de cuentos, y una linda mascota; perrito, gatito, conejito, pajarito; o cualquier otro dulce animalito para compartir su amor. Eran niños del Mundo, de todas las estrellas, y de todas las razas; negros, blancos, amarillos, cobrizos; de todos los matices de piel. Las niñas y niños celestes, tenían aquí todo lo que les faltaba en su país, Venezuela, en su estrella, en su planeta, la Tierra. Nacieron pobres, y muchos no conocieron a sus padres, por eso; vivieron sin cariño, sin afecto; de alguien que se preocupase por ellos, ninguno fue a la escuela, ninguno tuvo a nadie que le brindase amor y le enseñase a amar. Un día no pudieron seguir viviendo, y se enfermaron de tristeza, de soledad, de falta de amor; muriendo uno a uno.

Los millones de niñas y niños celestes, se fueron sin poder conocer las cosas bellas de la vida; como los otros niños, que tenían cariño, y que les daban amor; que sí, lo tenían todo. En la Tierra, en otros planetas en las diferentes estrellas de nuestro infinito Universo, en Venezuela.

El príncipe Azul, emanaba amor, paz y belleza; y una luz azul a su alrededor tan intensa, que iluminaba su cielo; de amor y de justicia. Los niños eran aquí felices, pues tenían todos los valores más preciados y necesarios; que en la Tierra, nuestro planeta, y en otras estrellas, no encontraron.

El Príncipe Azul los amaba, y él era amado por todos sus pequeños súbditos, las almas de las niñas y niños, que eran muy felices, rodeados de amor, y rodeados de afecto. El Príncipe Azul les daba todo lo que no tuvieron nunca; porque les fue negado, en un mundo injusto, en un planeta, en una estrella, en Venezuela. Aquí tenían juguetes, amor, padres, escuelas, libros de cuentos y un corazón a quien amar; y les regocijara de amor; sin pedirles nada a cambio.

Las niñas y niños, eran en este país, pequeñas princesas y príncipes azules, existían tan felices en su cielo, estaban tan felices, se sentían tan amados, que no se habían dado cuenta que vivían en otra dimensión, porque ellos; ya habían nacido en el pasado; en su planeta, en su estrella, en su país, en Venezuela; y no conocían la realidad; que murieron siendo aún niños; por hambre de amor, de cariño, por no haber tenido una mamá y un papá como lo tuvieron los otros niños. Para ellos, nunca existieron juguetes entre sus manos, una escuela, una maestra, para aprender a pintar los colores del Arco Iris, a dibujar y a leer las palabras de amor y cariño. Para ellos, solo existió la injusticia, los malos tratos y la indiferencia. Así un buen día prefirieron morir; a seguir viviendo en su Venezuela, en su planeta, en su estrella, en su Tierra.

Por eso se marcharon al Cielo, y vivieron en el país llamado Cielo; con el Príncipe Azul, muy satisfechos, y para siempre eternamente. Sin faltarles a ninguno de las niñas y niños amor, pan o juguetes.

Eran tan felices estos niños, que en su felicidad y en su inocencia, no se habían dado cuenta que se encontraban viviendo en un Cielo paralelo al nuestro; que nadie más que ellos conocieron. Que el Príncipe Azul; no es otro que el Dios del Universo, que en este mundo paralelo al nuestro les da, en su Cielo todo lo que ellos niñas y niños no tuvieron en Venezuela, en su planeta Tierra, en su estrella; porque les fue negado injustamente, a pesar de ser tan poco lo que ellos pedían. Por eso, ellos se fueron muriendo, para nacer de nuevo y ser felices eternamente; al lado del Príncipe Azul, el Dios del Universo, en un país llamado Cielo.

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